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Lo más racista, sexista y políticamente incorrecto de la publicidad del siglo XX en fotos

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/12/2017

Algunos de los más grandes tropiezos de la publicidad en el siglo XX

Para vender, la publicidad utiliza todo tipo de técnicas y porfía en esfuerzos variopintos para congraciarse con el público, sin reparar mucho en la moralidad. Cuando imperan la búsqueda del beneficio personal y la ambición, en ocasiones vemos algunas expresiones desafortunadas. Claro, ya que hay tanto dinero de por medio, de repente se producen cosas de alta calidad, aunque generalmente sólo en su forma, superficies estéticamente asombrosas, sin alma ni profundidad.

The Guardian publicó un buen recuento de lo peor de la publicidad del siglo XX en términos se sexismo, racismo, básica ignorancia y confusión que raya en lo inmoral y ciertamente en lo políticamente incorrecto (aunque a veces, a la distancia, algunos de estos descuidos pueden generar ciertas risas, cuando no indignación). Dicho eso, hay que ser conscientes de que algunos de estos anuncios son reflejo del paradigma sociocultural del tiempo en el que se vivía, y no deben desconextualizarse.

Viendo estas imágenes, al menos hay que reconocer -acaso por el fuerte escrutinio contemporáneo- que las cosas han mejorado.

4 de 5 hombres prefieren camisas Van Heusen, "las camisas más inteligentes del mundo".

Love Baby Soft: Porque la inocencia es más sexy de lo que piensas.

 

El juego es PALOS DE ESCOBA.

Lucky Strike contrata a sus hombres de blanco para avalar sus cigarrillos.

"Ve cómo cubre lo negro".

Iver Johnson: un arma que puede matar, pero que es absolutamente segura. "Papá dice que no nos hará daño".

En vez de "reaccionar de más", toma un sedante.

11 hábitos que están arruinando tus fines de semana

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/12/2017

¿Aprovechas tu tiempo o dejas que alguien más lo use por ti?

Para muchos de nosotros, probablemente la mayoría, el fin de semana representa una especie de liberación. O al menos así es como se experimenta. Como si sólo durante la tarde o noche del viernes, el sábado y el domingo pudiéramos hacer lo que realmente queremos. Dicho de otra forma: como si el resto de la semana (la llamada “semana laboral”) estuviéramos obligados a vivir una vida distinta a nuestros verdaderos deseos.

¿Pero es este un dilema auténtico, o es sólo otro de esos mandatos que seguimos sin saber bien por qué o desde qué momento comenzamos a obedecerlos? ¿Quién nos dice que el fin de semana lo único que debe hacerse es salir de fiesta, ir a los centros comerciales a comprar cosas que no necesitamos, o mirar decenas de capítulos de una misma serie? ¿Y es esto lo que de verdad queremos?

A continuación compartimos 11 hábitos que harías bien en intentar evitar los fines de semana, no porque estos no sean días de descanso o liberación sino, sobre todo, porque son momentos perfectos para darte cuenta de que el tiempo es una noción abstracta que adquiere realidad plena cuando tomamos conciencia del uso que le damos.

 

No frecuentar a tus seres queridos

¿A cuántas personas has dejado de ver porque “nunca tienes tiempo”? Sin caer en el cliché, lo cierto es que los fines de semana son oportunidades excelentes para pasar los días con aquellos que queremos y nos quieren. Las relaciones de afecto y amistad necesitan del cuidado y, a veces, la constancia. ¿Qué mejor que gastar el tiempo con nuestros amigos, nuestra familia y, en general, con aquellos cuya compañía nos place?

 

Estresarte

Si el trabajo es la fuente de tus preocupaciones, ¿no significaría eso que los fines de semana tendrían que estar libres de estrés? Si no es así, entonces quizá valga la pena que te preguntes de dónde surge realmente la tensión, el enojo y otras emociones afines que también te asaltan cuando se supone que estás “descansando”.

 

Gastar muchísimo dinero

Para muchos, el fin de semana supone sobre todo días de gasto. En la fiesta, en los centros comerciales, en actividades de entretenimiento… Tal pareciera que el único objetivo de los días sin trabajo es gastar todo lo que se ganó en el trabajo. Como si no costara mucho ganar eso mismo.

 

Tomar decisiones poco saludables

En consonancia con lo anterior, el sentimiento de libertad que a veces caracteriza a los fines de semana lleva a algunos a excederse, no sólo con el dinero, sino también con su salud. Como si se tratase de días de excepción, hay quienes beben o comen muchísimo, o que creen que el fin de semana es día en que no es necesario ejercitarse.

 

No dejar de trabajar

En nuestro tiempo, pareciera que el trabajo no tiene límites. Nosotros mismos nos hemos autoimpuesto una condena de productividad que nos ha llevado a sentirnos mal con nosotros mismos cuando no estamos trabajando. La idea del ocio, del “no hacer” como dictan los budistas, tiene algo de intolerable para quienes creen que todo el valor de su existencia se concentra en trabajar –cuando lo cierto es que las cualidades del ser humano van más allá de un solo aspecto.

 

O… no pensar más que en trabajo

Hay quienes pueden no estar trabajando y, sin embargo, no salir del trabajo. Sus conversaciones, sus pensamientos, sus preocupaciones, sus planes: todo está dirigido a la labor que desempeñan entre semana. ¿Y si por un momento pudieras poner atención a otra cosa? Digamos… ¿lo que sucede en tu presente?

 

Ser perezoso

Los fines de semana pueden verse como días de descanso, en efecto, pero quizá no de inactividad. Puedes pasar todo el fin de semana tumbado en tu sillón mirando series o películas, o puedes aprovechar el tiempo para emprender un proyecto personal: hacer un mueble, arreglar tu jardín, echar a andar un negocio con tus amigos… Lo que sea que contribuya a tu bienestar, no que lo frene (como la pereza).

 

No desconectarse

Sabemos que, ahora, los dispositivos de comunicación portátiles nos permiten una conexión 24/7. ¿Pero qué tan necesario es esto? ¿Qué tal si al menos un día “desconectas” ese hábito que también implica productividad y consumo?

 

No aventurarse

¿Por qué llevar al fin de semana la monotonía de la semana laboral? ¿Por qué no aventurarse a algo desconocido? Algo desaforado quizá, pero también, más modestamente, algo que te saque de tu zona de confort. Algo nuevo, fuera de lo habitual.

 

No hacer planes

¿Qué vas a hacer el próximo fin de semana? Si no puedes responder esta pregunta es posible que termines frustrado porque, otra vez, no encontraste tiempo para hacer lo que llevas tanto posponiendo –visitar un lugar, terminar de leer un libro, ver al amigo que tanto te busca. Planear, así sea mínimamente, permite reducir la brecha de esa frustración y, a cambio, aumentar el tiempo dedicado a lo que sí nos importa.

 

No cuidar tu tiempo

De todo esto se deriva una sola conclusión: cuida tu tiempo, aprovéchalo de la mejor forma posible y a tu favor siempre que puedas. Si no cuidas tu propio tiempo, alguien más lo usará por ti. Carpe diem.

 

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