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Esta es una forma saludable de comparar tu vida con la de otros

Salud

Por: pijamasurf - 09/12/2017

Si el hábito de la comparación es incontrolable para ti, aprovéchalo para desarrollarte personalmente

Para muchas personas, la comparación es un patrón mental inevitable. Por la educación que recibieron, por el ambiente cultural y social en que se desarrollaron y por otras razones de su historia de vida, hay quienes viven cada experiencia de su vida en referencia constante a la vida de otros. “¿Cómo haría esto mi mamá?”, “Esto se parece tanto a lo que hacen mis amigos”, “Tal o cual compañero de clase tiene ya esos tenis que tanto quiero y que mis papás no me han podido comprar”… 

Los ejemplos son múltiples, pero los elemento comunes en todos son pocos y en muchos casos los mismos: una búsqueda constante de validación; apego a lo conocido (con la consecuente dificultad para iniciar cosas nuevas); idealización de aquello que no se tiene y, por el contrario, empobrecimiento de lo que sí se tiene, y algunas más de este tipo.

Y quizá no podría ser de otro modo. Después de todo, la socialización está en nuestro código genético, y aunque quisiéramos que la cultura hubiera tomado otros derroteros, crecemos en un ambiente en que aprendemos a desear lo que otros desean. De hecho, el filósofo Alexandre Kojévè, siguiendo a Hegel, sostiene que el deseo animal se vuelve humano sólo cuando se descubre como deseo socializado, es decir, cuando el individuo se da cuenta de que otros desean lo que él desea.

Con todo, al hablar de comparación, el “amor propio” parece ser el concepto clave. Muchas veces quienes se comparan con otros tienden a hacerlo porque sienten poco o nulo amor hacia sí mismos y, en respuesta, creen que lo que de verdad vale lo tienen los otros. Una relación de pareja, vacaciones de ensueño, un automóvil nuevo, éxitos, fiestas… El mundo de los otros, cuando se mira desde esta perspectiva, puede parecer perfecto, y en consecuencia, al voltear a ver nuestras propias circunstancias, podemos resaltar únicamente nuestras carencias, nuestros “defectos”, y recriminarnos entonces por no tener nada de todo lo que los otros sí disfrutan.

Hace poco, en un episodio del podcast Zen Tips & Habits, el monje budista Shifu Ming Hai habló del hábito mental de la comparación. Grosso modo, la premisa de la que partió el monje es que existe una forma “saludable” de ejercer la comparación: no para empobrecer la percepción sobre nuestra propia existencia sino para hacerla crecer, enriquecerla.

Shifu partió de la pregunta de un hombre de 40 años, Peter, habitante de Hong Kong, quien aseguró que en tiempos recientes se ha alejado de amigos con un nivel económico superior al suyo porque se siente incómodo en su compañía. Peter es profesor y dado que no cuenta con la solvencia de esos amigos, se siente inferior a ellos y por lo mismo indigno de estar en su presencia.

“Deberíamos ser capaces de notar aquello que nos diferencia de los otros, ser conscientes de ello pero mantener el corazón tranquilo”, dice Shifu, y agrega: “Conocer la diferencia pero no reaccionar”.

Esa tranquilidad, esa “no reacción”, es uno de los estados de la mente más difíciles de aprender y adquirir, en buena medida porque muchos años de nuestra vida hemos hecho lo opuesto: reaccionar. Y usualmente, cuando se trata de emociones negativas –dolor, tristeza, enojo, envidia, etc.– se trata de reacciones que de tan inconscientes parecen instintivas, es decir, en las que no solemos poner atención ni cuidado y muchas veces ni siquiera sabemos de dónde provienen.

En ese sentido, el monje no hace un llamado a evitar las emociones negativas, a silenciarlas con “fuerza de voluntad” o a ignorarlas, sino a escucharlas, a prestarles atención compasivamente. En el budismo, en ciertas vertientes de la filosofía griega, en algunas corrientes de la psicología, esta es una constante: considerar las emociones negativas como un “llamado” de la subjetividad para atender un aspecto del ser que clama por ayuda.

¿Cuál es, entonces, la forma saludable de compararse con los demás? En la perspectiva específica de Shifu, la regla es simple: comparar sin juzgar. Esto es, observar aquello que nos distingue de los otros pero sin atribuirle un valor, ni a lo suyo ni a lo nuestro; no pensar que las riquezas de otros los hacen mejores que nosotros, que sus posesiones los elevan por encima de nosotros, que su vida es mejor que la nuestra. En algún sentido, lo único que puede decirse siempre es que es diferente: las circunstancias de los otros son diferentes a las nuestras porque su vida es diferente a la nuestra. “La habilidad de observar sin juzgar es la forma más elevada de inteligencia”, dijo alguna vez Jiddu Krishnamurti.

También es importante, en un segundo momento, intentar entender de dónde provienen esas emociones negativas que nos asaltan cuando nos comparamos con otros. En el caso del hombre del podcast, por ejemplo, ¿por qué justamente la riqueza material le hace sentir menos valioso que sus amigos? Ese sentimiento de inferioridad no se dispara por los mismos motivos en todas las personas; de ahí la necesidad de comprenderlo para, eventualmente, poder revertirlo o cambiarlo por otra forma de pensar y valorizarse.

Ahora lo sabes: si tienes el hábito incontrolable de compararte con los demás, no todo está perdido. Es una de tus mejores oportunidades para desarrollarte personalmente y pasar pronto a otra cosa.

 

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Imágenes: Broken isn't bad

Gurú de la India explica por qué fumar marihuana te hace menos capaz de lidiar con problemas

Salud

Por: pijamasurf - 09/12/2017

Sadhguru habla sobre las contrariedades y los engaños de fumar marihuana

Sadhguru es uno de los maestros espirituales más populares de la India. Durante una reciente sesión de preguntas y respuestas habló sobre los efectos de la marihuana y sobre por qué en general no es muy recomendable fumar esta planta de manera recreativa. Hay que mencionar que en la India algunos devotos de Shiva fuman esta planta de manera devocional, pero esto es muy distinto a la forma en la que se consume mundialmente. Asimismo, cabe mencionar que la marihuana es quizás una de las plantas medicinales más poderosas y con mayor cantidad de aplicaciones en una incipiente medicina psicodélica o psicoactiva. Tal vez este sea el verdadero sentido de esta planta, como medicina legal y no como pasatiempo.

Sadhguru considera que la gente busca drogas psicodélicas dentro de una "cacería de experiencias", para darle cierta intensidad a la vida, pero a mediano y largo plazo el efecto es el contrario y hace a la experiencia cotidiana más opaca; en un principio se fuma para hacer las cosas más interesantes y divertidas, pero esto hace que la mente se vuelva más aburrida y menos capaz de excitarse. Al mismo tiempo, hace que uno se vuelva más incapaz de lidiar con las experiencias; da la impresión de crear una mente meditativa, pero esto es un engaño, dice Sadhguru. "La diferencia entre la meditación y la marihuana es que la la meditación afecta el sistema de una manera que la marihuana no, la meditación te habilita", da una paz para hacer las cosas; la marihuana sólo crea un aletargamiento del sistema, no una verdadera paz.

El problema de esto es que cuando realmente se enfrenta a algo difícil e importante, algo fuera de lo común, la persona que fuma constantemente será menos apta para lidiar con estos problemas. Quienes fuman marihuana creen que se están rebelando contra la sociedad conservadora, pero esto es sólo una reacción que cae en otra forma de inconsciencia y reactividad, opina Sadhguru. "¿Qué pasaría si todo el mundo fumara? El sueño de aquellos que fuman marihuana es que el mundo sería pacífico si todos fumaran. Pero esto es poco probable, ¿qué sucedería si las personas que fuman marihuana todo el día hicieran tu coche?". En este sentido, fumar marihuana no es verdaderamente rebelde o contestatario; es algo un poco egoísta y poco involucrado con la realidad.

Sadhguru sugiere que es posible encontrar un estado de embriaguez o éxtasis interno que sea completamente funcional, el cual se produce de manera natural meditando y realizando sadhana. Al final, Sadhguru parece decir que no pasa nada realmente si uno fuma un poco, pero que hay mejores formas de encontrar esa intensidad de la vida, ese zumbido existencial.